FANDOM


[Intro]

  • Leo: ¿Cómo se detiene ésta cosa?
  • Don Andrés: ¿Cómo vamos a saber? no lo encendimos nosotros.
  • Teodora: ¿Qué tan rápido vamos? ¿qué tan rápido...?
  • Leo: ¡Sólo digamos que bastante!
  • Alebrije: ¡Mírenme, estoy volando!
  • Alebrije: Ahora tú estás volando.
  • Leo: No pensé muy bien esto.

[Aterrizaje forzoso]

  • Alebrije: ¡Otra vez! ¡otra vez!
  • Leo: Mejor no. ¿En dónde estamos?
  • Teodora: No sé. No hay señal. En un lugar aburrido, seguro.
  • Don Andrés: Ay no, mi espalda.
  • Leo: Deja de inventar cosas, eres un fantasma, no puedes lastimarte.
  • Don Andrés: Permíteme disentir ¿qué nunca has oído de los dolores fantasma?
  • Alebrije: Oye, Leo, mira lo positivo, al menos estamos a salvo.

[Cañonazo]

  • Don Andrés: ¡Perdimos la vela principal! ¡vamos a caer!

[Tras caída]

  • Leo: ¿Hola?
  • Thomas Decatur: No disparen ¡quietos! Por favor, acepten mis más sinceras disculpas. Cuando nuestra milicia le disparó a tu navío, no habíamos notado que era más ligero que el aire.
  • Leo: ¿Dónde estamos? ¿qué es este lugar?
  • Thomas Decatur: Pues el estado más ilustrado de toda la nación. La tercera de las 13 colonias y encrucijada de la revolución. Nueva Jersey.
  • Teodora: Por eso venimos "revolucionados", ¿verdad? ¿no es verdad?
  • Teodora:
  • Teodora: Bah, sus mentes inferiores jamás entenderán mi talento.
  • Pueblerino: Thomas, ¿has perdido la razón hablando con él? ese chico bajó desde el cielo y obedece al demonio.
  • Thomas Decatur: Tonterías. Este medio de transporte celestial lo pone más en contacto con los ángeles.
  • Leo: El chico se llama Leo, y él se encuentra justo aquí.
  • Thomas Decatur: Buen día, Leo. Thomas Decatur. Ya que nuestro cañón te hizo bajar del cielo, al menos podemos ofrecerte hospitalidad. ¡Qué cosa! ¿esa criatura es tuya? ¿un castor verde con rayas?
  • Alebrije: ¿Un castor? mi cola es mucho más elegante.
  • Thomas Decatur: Y sabe hablar ¡espléndido!
  • Pueblerino: Eres un tonto, Decatur. Un loco tonto que se asocia con demonios. Le informaré al clérigo sobre esto.
  • Thomas Decatur: Temo que esta comunidad ya no es tan tolerante como antes. Te lo explicaré todo, pero tenemos que ocultarnos ¡corran!

  • Don Andrés: Wow.
  • Don Andrés: ¡Qué lugar!
  • Leo: Así que eres un inventor. ¿Podrías ayudarnos a arreglar nuestro barco?
  • Thomas Decatur: Normalmente sería un gran placer, pero ya no tengo tiempo con la defensa del pueblo. Es una época oscura. El Demonio de Jersey ha regresado a Leeds.
  • Leo: ¿El Demonio de Jersey?
  • Thomas Decatur: Un monstruo que ha invadido mi hogar por generaciones.
  • Teodora: Adelante, Leo. Háblale de nosotros.
  • Thomas Decatur: Dime algo, amigo Leo, ¿por qué siempre miras de reojo?
  • Leo: [Suspiro] Thomas, ellos son mis amigos... Don Andrés... y Teodora. Son como, pues, fantasmas. A ver, chicos, revélense.
  • Don Andrés: Alégrese, señor, porque no conoce el gran dolor de ser ignorado hasta que resulta conveniente.

[Golpe]

  • Teodora: ¡Cállate ya!
  • Don Andrés: ¡Au!
  • Leo: Mi pueblo también fue tomado por un monstruo. Ellos me ayudaron a escapar.
  • Thomas Decatur: Qué cosa, fantasmas. Supuse que era posible, pero no pude comprobarlo. Lamento saber de tu pérdida, Leo. Tal vez puedas honrar su memoria en la defensa de este pueblo.
  • Don Andrés: Sí, espléndida idea. Háblenos de ese nuevo Demonio de Jersey. ¿Qué pasó con el antiguo Demonio de Jersey?
  • Alebrije: [Con una máquina voladora] Hola, ahí estás. Oye ¡regresa!
  • Thomas Decatur: Ésa es la bala de cañón disparada por el héroe naval Stephen Decatur, el único hombre que ha logrado herir a la bestia.
  • Teodora: ¿Decatur?
  • Thomas Decatur: El comodoro era mi querido abuelo. He investigado sus diarios, buscando alguna pista, una clave para acabar con ese monstruo.
  • Leo: Pero no has tenido suerte hasta ahora.
  • Thomas Decatur: Yo sé que la respuesta está aquí, en las historias. Pero hasta ahora, nada. La leyenda es muy aterradora. La mujer, la Madre Leeds tenía 12 hijos. Dijo que si alguna vez tenía un décimo tercero, ese niño, sin duda, sería el diablo en persona. La mujer era una bruja. El niño había nacido normal, pero cambió. Le crecieron pezuñas, su cabeza se volvió la de una cabra, le salieron alas de murciélago y cola. Mi querido abuelo vio a la bestia en Hanover Mill. Le atravesó el vientre con una bala, y lo ahuyentó. Se profetizó que el demonio regresaría cuando el mundo fuera a llegar a su fin.
  • Teodora: ¿Quiere decir que su abuelo fue un héroe?
  • Thomas Decatur: ¡Lo fue! y yo no he hecho más que fallarle a su apellido. Soy un hojalatero que sólo arma cosas inútiles.
  • Alebrije: ¡Hola! ¡un botón brillante!
  • Alebrije: ¡Súper!
  • Thomas Decatur: Mi combinación de trilladora con autoimpulsora, como todos mis inventos, inútil.
  • Clérigo: Abre la puerta, Thomas. Soy el clérigo.
  • Clérigo: Vaya, vaya, Thomas Decatur, confraternizando con brujos. Yo siempre dije que pondrías tu alma en peligro con estas... diversiones.
  • Thomas Decatur: No son brujos. Eso no existe, Jacob.
  • Pueblerino: ¡Está mintiendo, yo los vi! bajaron del cielo como, pues, brujos.
  • Leo: Todo el mundo cálmese ya. Creo que ha habido un gran malentendido aquí. Nosotros no somos brujos.
  • Don Andrés: ¡En efecto! ¿cómo pueden confundirnos con unas sucias vuela-escobas? Somos fantasmas.
  • Clérigo: ¿Fantasmas?
  • Leo: No fantasmas, fantasmas. Ellos son mis amigos.
  • Clérigo: ¿Entonces admites tener relación con lo sobrenatural?
  • Leo: ¡Sí!... ¡no! suena mal cuando lo dice así. Teodora, ayuda.
  • Teodora: Es simple. Leo siempre ha hablado con fantasmas, pero su abuela se convirtió en un demonio y también había otros demonios que tuvimos que enfrentar, y…
  • Leo: Ya, no me ayudes.
  • Clérigo: Y tienes un pequeño y asqueroso duende acompañándote. Qué horroroso.
  • Alebrije: Oye, que me veas así dice más sobre ti que sobre mí.
  • Clérigo: Ya es suficiente, están asociados con el demonio.
  • Pueblerinos: ¡Que sean castigados! ¡castíguenlos!
  • Leo: ¡Esperen! están muy nerviosos, pero se los aseguro, mis amigos y yo no tenemos absolutamente nada que ver con su monstruo demoníaco.

[Rugido] [Gritos]

  • Leo: Okay, esto no se ve bien.

[Gritos]

  • Thomas Decatur: ¡Debemos ir a los cañones!
  • Leo: Ayudaremos, sólo dinos qué hacer.
  • Thomas Decatur: ¡Disparen!
  • Don Andrés: ¿Acaso todo en este condenado pueblo es inflamable?
  • Thomas Decatur: Ésta es la última bala.
  • Teodora: Tal vez si no nos hubieran disparado tendríamos más.
  • Thomas Decatur: No entiendo qué sucede. Mis nuevas balas son más precisas y más rápidas. Deberían ser más efectivas, no al revés.
  • Alebrije: Pues alguien olvidó decírselo a él.

[Golpe con cubeta de hierro]

  • Clérigo: Bien, por fin alejaron de aquí a su bestia infame.
  • Leo: ¿Disculpe?
  • Clérigo: Nuestro pueblo llevaba semanas en paz, en cuanto ustedes llegaron...
  • Teodora: O sea ¿cómo? estábamos protegiéndolos.
  • Clérigo: ¡Arréstenlos! les espera un juicio por el crimen de brujería.
  • Pueblerinos: ¡Buu! ¡quémenlos! ¡quémenlos!
  • Clérigo: Sigue así y te unirás a ellos.

  • Thomas Decatur: Lamento mucho esto. Hallaré la forma de sacarlos, lo prometo.
  • Teodora: Okay ¿qué te pasa? bájale dos rayitas a tu depresión.
  • Leo: Mira todo esto, Teodora, yo jamás había salido de mi pueblo y ahora estamos en prisión. No tenemos ni idea de lo que hacemos. Creo que no voy a volver a ver a mi abuela.
  • Clérigo: La hora de su juicio ha llegado.

  • Clérigo: El cargo es simple: brujería. El resultado de ello, ha debilitado el centro moral de esta comunidad y nos ha puesto en riesgo de satanización.
  • Leo: No, espere un momen…
  • Pueblerino: Mejor guárdate tus opiniones, niño brujo.
  • Clérigo: Como la culpabilidad de los acusados es obvia para cualquier testigo razonable, ahora debo emitir el veredicto de culpables.
  • Thomas Decatur: ¿En serio somos tan ignorantes como para negarle a este chico y a sus amigos el derecho a una defensa adecuada?
  • Clérigo: Tienes razón.
  • Thomas Decatur: ¿Ah sí?
  • Clérigo: No queremos que ninguna sentencia emitida por esta corte sea considerada parcial. Díganme, ¿hay aquí algún abogado decente que quiera hacer peligrar su alma y defender a estos demonios?
  • Teodora: Sí, súper justo…
  • Don Andrés: ¡Yo lo haré! su juezciosidad, soy un abogado acreditado en las cortes españolas y me gustaría representar a mis amigos, así como a mí mismo.
  • Clérigo: ¿Usted? ¿un fantasma autoproclamado quiere representar a este chico contra cargos de ser sobrenatural?
  • Don Andrés: Sí.
  • Clérigo: Quiero que conste en actas, que el acusado recibirá asesoría legal de un difunto.
  • Don Andrés: Descuida, Leo. Leí un libro de leyes durante un viaje bastante aburridito a las islas occidentales.
  • Don Andrés: Podríamos suponer que mi cliente es brujo, ya que a fin de cuentas viaja con fantasmas, una criatura mágica, y vuela en una aeronave impulsada por propiedades desconocidas.
  • Alebrije: ¡Es todo un profesional!
  • Don Andrés: Pero ¿qué es lo que sabemos sobre las brujas? Las brujas, mis queridos pueblerinos, usan sombreros ¿y acaso mi cliente usa un sombrero?
  • Clérigo: Se pudo haber quitado el sombrero…
  • Don Andrés: Pues sí, eso es posible, pero las brujas también tienen escobas.
  • Clérigo: Pudo haberla dejado en casa…
  • Don Andrés: Eso no se me había ocurrido. Tiene excelentes argumentos.
  • Clérigo: ¡Ya basta de tonterías! esta corte usará el método probado y comprobado para detectar brujas.

[En la hoguera]

  • Don Andrés: Esto se llama la prueba de fuego. Básicamente nos van a prender fuego, si ardemos, no somos brujas y somos inocentes. De nada.
  • Clérigo: Ustedes cuatro han sido acusados de brujería, magia negra y de satanizar a Nueva Jersey. ¿Cómo se declaran?
  • Leo: ¡Inocentes! obviamente.
  • Clérigo: Pues que esta prueba de fuego comience.
  • Don Andrés: Ay no, tal vez pudo haber una ligerísima falla en el plan.
  • Leo: No me digas.

[Gruñido] [Gritos]

  • Teodora: Por poquito.

[El monstruo les prende fuego]

  • Teodora: ¿Es enserio?

[Cañonazo inútil]

  • Leo: Oigan, ¿por qué están atados? son fantasmas.
  • Don Andrés: Es cierto.
  • Thomas Decatur: Resiste, amigo Leo, voy a salvarte.
  • Pueblerinos: ¡Corran por sus vidas!
  • Niño en casa quemándose: ¡Ayuda! ¡ayuda!

[Teodora cortando las ataduras de Leo]

  • Leo: No es por presionarte, ¡pero mis dedos se cocinan!
  • Niño en casa quemándose: ¡Ayuda! ¡ayuda!

[Salvando al niño]

  • Pueblerinos: Vaya, no son tan malos como creí.
  • Leo: Se los dije, no somos brujos.
  • Pueblerino: ¿Eso qué importa? el demonio se llevó a Decatur, en cualquier momento se lleva a todos.
  • Leo: Se equivocan. Nadie le hizo caso a Decatur y miren lo que lograron. La ignorancia no funciona. Tal vez sea hora de hacerlo a su modo.
  • Clérigo: No le hagan caso a ese chico. Nos condenará a todos.
  • Leo: No. El Demonio de Jersey puede ser vencido, pero solo si superan su miedo y trabajan juntos como comunidad.
  • Clérigo: Objeción. Irrelevante.
  • Pueblerino: ¡Fuera! ¡fuera!
  • Clérigo: Esa no es la manera. ¡Están eligiendo la condenación!
  • Don Andrés: Leo, ¿cómo vamos a derrotar al Demonio de Jersey, si Decatur no pudo?
  • Teodora: Se me ocurrió una idea, porfis miren esto.

  • Leo: Todo lo necesario está aquí. Lo haremos como lo haría Decatur: usando lógica y ciencia. Si me necesitan, estaré en la biblioteca.

[Construyendo juntos]

  • Leo: ¡Eso es!
  • Leo: ¿Está lista?
  • Teodora: Está súper lista.
  • Leo: Ah, sólo otra cosa. Sé que a Decatur se le terminaron sus nuevas balas de cañón, pero ¿tenemos algunas del diseño anterior?

[Gruñido]

  • Thomas Decatur: Adelante, bestia, no voy a temblar cuando llegue mi fin.

[Golpe con cubeta]

  • Pueblerino: ¡Demonio a la vista! ¡huyamos!

[Arrollando al monstruo con un vehículo]

  • Leo: Oye, ya sabes que hay que ser justos hasta con el diablo.

[Disparando]

  • Teodora: Fallaste, fallaste otra vez. Terrible, no eres malo lo que le sigue.
  • Leo: ¿Quieres hacerlo?
  • Teodora:
  • Teodora: No, estoy bien.

[Monstruo rompiendo el techo el techo]

  • Teodora: ¡Oye, espacio personal!
  • Leo: ¡Alebrije!
  • Teodora: ¡Ay no!
  • Teodora: ¡Alebrije, ahora!
  • Alebrije: ¡Claro!

[Disparo de cañón, bestia deshaciéndose]

  • Teodora: Eso tuvo qué doler. Y dejó un charco, asco.

  • Leo: Así que después de leer los diarios del comodoro, recordé que el balde de hierro fue lo único que lastimó al demonio. Lo relacioné y me pregunté si quizá el hierro lo debilitaba.
  • Thomas Decatur: Por eso es que mis nuevas balas de aleación no funcionaron. Las impurezas del hierro lo dañaron. Leo, es impresionante. Tienes el potencial de un gran inventor.
  • Pueblerino: Te lo agradecemos muchísimo. Gracias a ti, el pueblo aprecia el valor de los inventos de Decatur. Desde ahora, Nueva Jersey será un paraíso.
  • Teodora: Sí… buena suerte con eso.
  • Thomas Decatur: Hay una cosa más. Hallé este disco de cera al arreglar su barco. Supongo que puede reproducirse en algún artefacto. Los surcos parecen indicar información, como un registro.

  • Alebrije: ¿Ustedes qué creen que pueda ser?
  • Leo: ¿Eso qué importa? necesitamos un artefacto para reproducirlo y no lo tenemos.

[Reproductor saliendo]

  • Alebrije: ¿Oh, como esa cosa?

[Poniendo disco]

  • Leo: ¿Fray Godofredo?
  • Teodora: Él no está realmente ahí, Leo.
  • Fray Godofredo: Hola, Leo. Si estás recibiendo esto, entonces ya no estoy, significa que ahora mereces saber la verdad. No fue una coincidencia que yo estuviera en tu aldea, pertenezco a una sociedad secreta: la Hermandad. Durante siglos, los hombres de letras, hemos sido los cronistas secretos de lo paranormal. Tenemos una meta principal, ante todo: evitar la llegada de Quetzalcóatl. Debes saber que los allegados a Quetzalcóatl se llaman leyendas y que existen por todo el mundo. Es fundamental que vayas en busca de la Hermandad, ellos te ayudarán con tu misión. Comienza en Alemania, buena suerte, Leo. Y, si nunca lo dije mientras estaba vivo, pues... y yo… [señal repitiéndose e interrumpiéndose].
  • Leo: ¿Y usted qué?
  • Leo: Sí dice que la Hermandad puede ayudar pues allá iré entonces.
  • Alebrije: Te apoyamos, Leo.

[En la iglesia]

  • Thomas Decatur: Qué aburrido, ¿qué voy a hacer?

[Golpes en mueble cercano, abre y sale el clérigo amarrado]

  • Clérigo: Gracias, Thomas. Creí que no iba a salir de ahí.
  • Thomas Decatur: ¿Qué es lo que pasó? ¿fue atacado durante la misa?
  • Clérigo: ¿La misa? ¡llevo semanas encerrado ahí!